lunes, 27 de febrero de 2012

Y ahora con caracoles...


Hoy me dio por comenzar este blog para conmemorar el nacimiento de dos camadas de caracoles (¿se le dice “camadas”, “caracoladas” o qué?) que hace que la helicicultura casera que comencé hace unos meses se vea más en forma.

La realidad es que fue como un experimento; después de hacerlo hecho con caracolitos de esos chiquititos, tenía la espinita que se medio sacó cuando mi hija trajo algunos.

De acuerdo al curso de helicicultura que tomé hace tiempo, los caracoles que agarras en “la selva” (en este caso una oficina de Valle de Bravo) pueden venir contaminados, así que hay que ponerlos en cuarentena.

Probablemente fue el caso. De los 10 que llegaron con vida aquí (Monterrey, NL), solo quedaron 2 y se veían tan sin ganas que pensé que no durarían.

Aparentemente, solo era el frío. Ahora tenemos ya varios (no los he contado… los caracolitos son minúsculos) y voy a comenzar a engordarlos para ver si es cierto eso de que la baba de caracol te quita celulitis, estrías, años y hasta el mal genio.

Claro que han dicho que es puro cuento, como la mayoría de las cosas que están de moda durante un tiempo, pero conocí dos personas que tuvieron buenos resultados, así que veremos qué pasa.

Total, si la famosa baba no sirve, todavía me puedo dar un atracón de caracoles, aunque voy a necesitar muchos para que me sirva de algo.

En fin, iré poniendo cómo me va en la helicultura casera (tal vez debí ponerle así al blog…) y veré también cómo integrarlo con las demás biotecnologías que manejo. A fin de cuentas, el mundo se acaba en el 2012, así que hay que buscar maneras de vivir bajo tierra.